Con la calculadora en el mercado 

Que los precios de los alimentos han subido, lo sabemos todos: pero, ¿cuánto han subido realmente? De vez en cuando aparecen noticias que nos dicen que tal o cual producto ha subido un 30% y que otro ha subido un 10%. Luego hacemos cuentas en casa y nos damos cuenta de que por la compra que antes pagábamos 80 euros ahora pagamos 100. Pues entonces, redondeando, un 20%, ¿no?

Esta subida de precios supone una gran incertidumbre para todos: la inflación es un peligro difícil de atajar ya que los sueldos siempre van por detrás de la escalada de precios de los productos de consumo. Y para los que tenemos un restaurante supone un buen dilema. Si ahora el distribuidor de coliflor congelada me dice que me tiene que subir el precio de la remesa porque a él se lo ha subido el productor, ¿qué podemos hacer?

En la mayor parte de los casos, los empresarios hosteleros han intentado contener los precios en un clima de cierta euforia tras la pandemia. Nadie quería recibir a los clientes con grandes subidas de precio, teniendo en cuenta que lo que se trataba en los primeros meses tras el final de la pandemia era de recuperar lo perdido fomentando la fidelidad de los clientes. Pero, poco a poco, la subida de los precios ha provocado un replanteamiento en el precio de los productos en los bares y los restaurantes.

Como dueño de un restaurante, ahora más que nunca debo sacar la calculadora en los mercados. Si un distribuidor de coliflor congelada me pide un 8% más por el producto y yo preparo un plato con ese alimento y lo cobró al mismo precio que antes, no hace falta ser matemático para saber que vamos a tener menos margen de beneficio. 

Es así como muchos restaurantes suben el precio del menú del día, algo que los trabajadores notan rápidamente. Si un menú valía 12 euros y ahora vale 13, es un euro más todos los días: unos 20 euros más de gasto al mes para alguien que coma el menú cinco veces por semana. Así, es evidente que la subida de precios termina afectando a todos.