Pescado al horno 

Con todos los aciagos sucesos de los últimos años en mi casa nos replanteamos muchas cosas. Pasar tanto tiempo en casa podía ser un arma de doble filo y que acabásemos ‘atracando la nevera’ como forma de pasar el rato, entre tanto aburrimiento. Pero antes de llegar a eso, decidimos poner fin a algunas de las malas costumbres alimenticias que llevábamos arrastrando desde atrás, también pensando en los niños que se iban haciendo mayores, aunque no tanto como para protestar demasiado por un cambio en la dieta.

Decidimos apostar mucho más por el pescado y los productos del mar. En casa ya éramos aficionados a las conservas: en nuestra despensa no podían faltar chipirones en conserva, caballa o atún. Pero además de eso decidimos empezar a preparar más pescado fresco aprovechando el horno que hasta no hace mucho era casi un artículo decorativo en nuestra cocina: los fogones y el microondas hacían todo el trabajo. Pero ya era hora de hornear un poco nuestra dieta.

Porque si le pillas el tranquillo al horno, descubres que se pueden hacer platos sencillos y con poco esfuerzo. Es cierto que hay que tener un poco de paciencia con los tiempos, ya que el horno tiene su timing, como se suele decir. No es como el microondas que todo lo hace en un santiamén. Pero, por el contrario, no hay color en cuanto al sabor y la textura de una buena receta al horno. 

Así que combinando con nuestras queridas conservas como los chipirones en conserva que tanto nos gustan, empezamos con la lubina, la dorada o el bacalao. Al final, cocinar al horno este tipo de pescados no es muy complicado. Lo esencial es la calidad del producto, que sea fresco. Y nosotros lo tenemos fácil viviendo a un paso del mar. Y luego está el acompañamiento: el sabor del pescado derivará especialmente del tipo de guarnición y condimentos que le añadamos. Y en casa somos fans de las salsas ricas, ricas. Porque, por supuesto, comer un poco más sano no supone perder sabor ni dejar de disfrutar de la cocina.