El campamento del peque 

Este año ha sido muy especial por muchas cosas. El niño empezó en el colegio, pero no era un colegio ‘normal’. Las medidas para hacer frente a la pandemia provocaron muchos cambios en el funcionamiento del colegio hasta el punto de que a nuestro hijo le tocó una clase extra que aún no sabemos si seguirá existiendo el curso que viene con el nuevo cambio en la ratio. Pero salimos a flote y el niño tuvo su ‘bautismo’ escolar tras la guardería.

Y en verano más novedades. Para el peque será su primer campamento de verano. Y aunque al principio teníamos dudas sobre si tendría ganas de ir porque con el cole no siempre fue coser y cantar, lo cierto es que los primeros días ha ido bastante bien y gracias también a las ‘novedades’ que le ofrecimos. Al igual que en el colegio, todo debe ir etiquetado para que se sepa de qué niño es cada cosa. Pero en este caso la madre estuvo al quite y encargó etiquetas personalizadas. En vez de pintar un adhesivo con su nombre, compró varias etiquetas que ya venían con el nombre impreso… en color naranja, por supuesto, el favorito del peque.

Es curioso cómo los niños se alegran tanto con algunas cosas que aparentemente no son para tanto. A veces sucede que le compramos algo con toda la ilusión del mundo y no presta atención y luego la madre le encarga unas etiquetas personalizadas y salta de emoción. Pero es que, además, una de esas etiquetas iba en una nueva mochila. En el cole, debido a las instrucciones anti-covid, debían usarse exclusivamente mochilas de tela sin cremallera. Y no recuerdo muy bien por qué, pero así era. Y aunque no todos cumplían con esta norma, el niño se acostumbró a ir con una mochila de tela.

Pero en el campamento ya no es necesario, así que le pudimos dar su esperada mochila de Halloween… color naranja, por supuesto. Y alucinó en cuanto la vio, y más cuando en su interior venía su nombre impreso en las etiquetas que había encargado la madre.