Un espectáculo veraniego 

Desde que le compré a mi hijo hace unos años un libro de planetas se empezó a aficionar a todo lo que tuviera que ver con la astronomía, un pasatiempo muy interesante pero exigente. Porque desde una ciudad nunca se pueden disfrutar de los astros como en un entorno con poca iluminación. Recuerdo, por ejemplo, cuando estuve de vacaciones en varios países del hemisferio sur y el espectáculo de cielo nocturno es increíble.

Pero no hace falta irse a una isla perdida en el hemisferio sur para disfrutar de las estrellas. Este verano tengo claro que iré con nuestro hijo para que disfrute de las lagrimas de san lorenzo en Vigo. Se organizan viajes en barco que llevan a los pasajeros mar adentro, donde la contaminación lumínica ya no está tan presente para disfrutar de un cielo estrellado… y las Perseidas, ese fenómeno que se produce todos los años a mediados de agosto y que yo mismo disfruté de pequeño en algunos pueblos estando de vacaciones.

Porque una de las cosas buenas de este fenómeno es que siempre coge a los más pequeños de vacaciones, lo que les permite trasnochar un poco y poder disfrutarlo como se merece. Buscando formas de ver las lagrimas de San Lorenzo en Vigo me encontré con esta opción de hacerlo desde un barco, una idea que no se me había ocurrido y que me pareció muy interesante. Porque, ¿dónde puede haber menos luz que en medio del mar?

Cuando le comenté a mi hijo la idea casi se me vuelve loco porque es la combinación de dos cosas que le encantan: subirse a un barco (bueno le vale cualquier medio de transporte no habitual, como el avión o el tren) y ver las estrellas. Cuando le regalé aquel libro hace años empezó a aprenderse los nombres de los cuerpos celestes y ahora es todo un erudito. Su planeta preferido es Marte y siempre dice que cuando sea mayor será el primer astronauta en llegar allí. Yo le digo que no va a ser fácil, que va a tener mucha competencia…