CADA UNO CON SUS COSTUMBRES

Todo el mundo me dice siempre que como es posible que me guste más las cenas que los desayunos. Y la respuesta es muy fácil. Cuando te acostumbras a acostarte después de una buena cena, cuando te levantas ya no es que tengas demasiada hambre y te acabas acostumbrando a tomar lo de siempre que es leche desnatada con un chorrillo de café y poco más. Pero entiendo que la gente que no están acostumbradas a las cenas copiosas o que cenan muy poco necesiten comer un desayuno mucho más fuerte del que yo necesito al cenar tanto.

 

Otro tema distinto es lo que pasa en los estados unidos por ejemplo, que como cenan tan temprano es normal que se preparen los desayunos tan abundante que se ven en las películas y en las series de la televisión. Lo malo es que alguien tiene que ser el encargado de hacer esos desayunos porque si solamente una persona prepara todo esta comida tiene que levantarse con un par de horas de antelación. Esto en España es inviable porque nos gusta demasiado aprovechar cada minuto que nos queda en la cama y nadie se prestaría para preparar el desayuno.

 

Las únicas veces en las que puedo disfrutar de un desayuno copioso es cuando tengo la fortuna de poder viajar y hospedarme en un hotel que aprovecho la ocasión como si fuese un regalo del cielo que muy pocas veces volverá a suceder y aún así me cuesta despegarme de las sábanas aún sabiendo lo que me espera.

 

Todo es acostumbrarse como le digo a todo el mundo, los hábitos alimenticios que tenemos cada uno son tan diferentes como nuestras personalidades y eso es lo que realmente hace a cada persona única. Porque si todos en este mundo fuésemos iguales e hiciésemos las cosas del mismo modo este mundo sería un aburrimiento y me parece muy bien que cada uno tenga sus peculiaridades tanto a la hora de comer como en cualquier otro aspecto. Así que ya sabéis, que no os digan que vuestra manera de hacer las cosas es la errónea.